¿La declinación masculina realmente está en baja?

Oct 22, 2012 Alberto Pierpaoli Tendencias Sin comentarios

Recientemente, escrito por Stephanie Coontz, apareció en The New York Times un artículo titulado “El Mito de la Declinación Masculina”1. Este alude a varios libros que hablan del ascenso de las mujeres, marcando su superioridad, en detrimento de los hombres. Pero la verdad es que ellos siguen controlando casi todo y que se ha exagerado la transferencia de la distribución del poder entre los géneros ocurrida durante la mitad del último siglo. La realidad es que, en los Estados Unidos, el progreso de las mujeres se paró en los últimos quince años.

El “sexo” mas rico sigue siendo el de los varones, dado que en general, por la discriminación existente, el salario de ellas sigue siendo, en promedio, más bajo.

La articulista analiza diversas cifras y fuentes y da ejemplos donde las mujeres avanzaron tanto en salarios como en posición, pero concluye que, a pesar de ello, siguen estando peor.

Las mujeres han debido esforzarse en superar en los estudios a los hombres pero ni así logran una equiparación salarial. Las que logran ingresos iguales o superiores a los de los hombres, son excepciones.

Al igual que se exageró en un momento el ascenso de las mujeres, se hace lo mismo ahora respecto al descenso de los hombres.

Hoy pasa con los hombres algo parecido al planteo que hizo Betty Friedan en 1963 respecto a la “mística femenina”. Dicha mística descorazonaba a las mujeres y les decía que no mejoraran sus oportunidades de trabajo porque los hombres proveerían. Igual que entonces, esta mística masculina hoy promueve que los hombres no se esfuercen por mejorar con la premisa de que más pronto o más tarde su “masculinidad”, como está definida hasta hoy, será recompensada.

Hoy hay pocos hombres estudiando, por ejemplo, carreras vistas como “femeninas”. Así sucede, por ejemplo, que falten muchos enfermeros y esta decisión descarta una posible fuente de trabajo. También se penaliza que los hombres prioricen el compromiso familiar: si lo hacen puede que se los acose o prepotee en el trabajo. O si piden licencia familiar se los ve como débiles o no competitivos. Y a la larga también pueden no ser promovidos y ganar menos.

Por eso es necesario que los hombres se liberen de la presión de tener que probar su masculinidad, como erróneamente se la entiende hasta ahora.

El ascenso de las mujeres no implica el fin de los hombres. Y el progreso de ellas no es una panacea. Como se ve estamos aun llenos de prejuicios. Y estos nos impiden avanzar.

Falta aun mucho para que logremos la equidad de género en toda nuestra vida: en el trabajo y en el hogar.

La situación general de crisis económica tampoco ayuda. Durante las crisis se prioriza darle el trabajo escaso a los varones. Y así perpetuamos prejuicios y estereotipos.

Hace falta que las mujeres se organicen aun más para luchar por sus derechos y empujen a las instituciones sociales, económicas, políticas y educativas a que las reconozcan y las equiparen en todo sentido a los varones.

1. The Myth of Male Decline, The New York Times, 30 de Septiembre de 2012, Sunday Review, Pag. 1 o aquí.

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